Que el Sistema de Salud Pública está gravemente enfermo y la situación del nuevo ministro Fernando D’Allesio es compleja no es novedad, y aunque lo primero no se le puede imputar, lo segundo requerirá de él una gran capacidad de apertura, humildad, diálogo y proactividad para hacer reformas profundas y no dejarse llevar por la tentación del autoritarismo, el autismo operativo y el excesivo cálculo político.

Para empezar, ya realizó una serie de cambios en su equipo. Está en su derecho. Todo ministro suele traer a su gente de confianza y a técnicos que lo ayudarán en las prioridades que de por sí ya debe estar delineando para su gestión. Sin embargo, nos ha llamado la atención y no positivamente la salida de algunos técnicos de mucho nivel, y la incorporación de otros que más bien no parecen provenir de un sector abierto al diálogo y a la reforma, sino más bien a incrementar el proteccionismo y el estatismo en el sector.

El Sector Salud tiene la columna vertebral quebrada. Específicamente, tres vertebras enfermas que ponen en riesgo a todo el organismo: el tratamiento que brindan los médicos y técnicos en salud, la evaluación de los medicamentos que se incorporan a dicho tratamiento, y la gestión del presupuesto para comprarlos y distribuirlos. Aquí algunos alcances que espero sean útiles para el nuevo ministro en este reto en el que puede contar con la sociedad civil para apoyarlo.

Actualmente el tratamiento que brindan nuestros médicos no se basa en guías clínicas o protocolos estandarizados. Esto deja al paciente a merced de doctores que tienen la “oportunidad” de pedir cualquier examen, recetar cualquier medicamento y además sugerir sin lugar a objeción, la red de clínicas y laboratorios “privados” que, ¡oh sorpresa!, tienen lo que el Estado no. Según María Esther, líder de la asociación de pacientes “Luz de Esperanza”, una paciente de cáncer llegó a recibir hasta nueve medicamentos diferentes durante su tratamiento; y los últimos reportes del Sistema Integral de Salud (SIS) dan cuenta de casos escandalosos en los que doctores o técnicos hacen lo que les da la gana.

La evaluación de los medicamentos que el Estado distribuye es otra vertebra enferma. Hoy en día EsSalud elabora su propio petitorio, el MINSA el suyo y una gerencia del SIS (con la comprensible finalidad de controlar el desordenado gasto de los hospitales) ha empezado a dedicarse a lo mismo. Por otro lado, el Petitorio Nacional Único de Medicamentos Esenciales (PNUME) del MINSA, documento que afecta a todos los peruanos, se realiza a puertas cerradas, sin que los contribuyentes sepamos qué funcionarios participan del proceso, qué criterios utilizan y sin que se incluya el aporte de la ciudadanía, tal como ocurre en Brasil, Francia o Uruguay. Este oscuro proceso está por realizarse y creo que a usted, querido lector, también le gustaría enterarse de cómo se eligen los medicamentos que aparecen en su receta.

Así, sin guías clínicas de uso obligatorio y con un proceso de evaluación de tecnología sanitarias desordenado y oscuro, ¿cómo pedir que el sistema de compras sea eficiente? Como lo evidenciáramos hace algunos meses en este mismo espacio, aunque el MINSA y Essalud concentran el 96% de la compra nacional de medicamentos, aún realizan muchas adquisiciones al menudeo, perdiendo una posición inmejorable frente a los laboratorios. Además, por la (malhecha) Ley de Descentralización, el MINSA afronta muchas dificultades para que los gobiernos regionales almacenen adecuadamente y distribuyan a tiempo los medicamentos que compra.

El diagnóstico puede ser parcial (debe haber más vertebras enfermas) pero no es desacertado. La conexión entre estos procesos es evidente y la urgencia de reformarlos, también. ¿Qué medicina aplicar, señor Ministro? Culminar el proceso de elaboración y estandarización de guías clínicas y hacer que su uso sea obligatorio es crucial. Si la dosis de esta “pepa” no le gusta a los médicos, le aseguro que a nosotros los pacientes, nos gustará. Transparentar el proceso de elaboración del PNUME, integrarlo con el Petitorio de EsSalud dándole un elevado nivel técnico (no estandarizando las listas “hacia abajo”, sino “hacia arriba”) y permitir que la ciudadanía participe formalmente en la elección de los medicamentos que consumirá, puede parecer complicado pero le daría una dosis de legitimidad irrefutable. Hecho esto, se podrán realizar más compras corporativas o centralizadas, quitándole poder a tantos funcionarios que aprovechan el desorden para lucrar ilícitamente.

Pero señor ministro, esto no lo puede hacer solo. Le recomiendo escuchar las diversas voces que se alzan por la salud con la intención de ayudarlo a aplicar esta triple dosis de emergencia.

 

Jose Ignacio Beteta Bazan

¿Reingeniería del Sector Salud? Esperamos que así sea…

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