La dinámica operativa de un proyecto social generalmente tiene tres actores principales: la empresa, la comunidad, y una institución que sirve de asesora y ejecutora del proyecto, en alianza o en nombre de la empresa, y para beneficio de la comunidad. El Estado, La Prensa y otros actores son importantes también pero surgen de la articulación de los tres primeros. El Estado asume cada vez una mayor relevancia en el proceso de diseño y monitoreo, pero aún se suma cuando el partido ya está jugándose.

Esta triple relación no es para nada sencilla. Entre las tres partes involucradas en un proyecto surgen expectativas, necesidades, y en cada una aflora lo mejor o lo peor de sí.

La Empresa busca financiar y auspiciar el proyecto por diversas razones: quiere ser coherente con sus políticas de buen ciudadano corporativo, mantener una relación armónica con las comunidades de su entorno, cumplir con los requisitos que impone la ley, con compromisos adquiridos con la comunidad, o simplemente, porque quiere estar presente en el medio para sostener o mejorar su reputación. Veo difícil separar todas estas razones. La mayoría de veces la razón implica a todas las anteriores y otras que quizás no puedo mencionar.

santos_cajamarca_conga_rppLa Comunidad sabe o piensa que la Empresa solo puede ser rentable, ganar y usufructuar gracias a sus tierras, sus recursos o sus propiedades. Es el vecino que ya vivía en el vecindario, el que tiene no solo cientos de años ahí, sino el que puede decidir si el nuevo inquilino entra o no entra. Cuando ésta acepta, pide o propone un proyecto social, lo hace generalmente porque busca el beneficio de su comunidad. Las comunidades son distintas. Pueden compartir algunos comportamientos y actitudes frente a la inversión privada, pero en general, no se sabe qué esperar de ellas. Hay comunidades que ven con buenos ojos la llegada de la Empresa, hay otras que desconfían un poco, hay otras que desconfían mucho. Hay otras que pasan por todos los estados de ánimo en un lapso muy corto de tiempo, hay comunidades que no se interesan por sus paisanos sino que buscan que el beneficio se quede en la cúpula, hay de todo…

Las entidades ejecutoras, las consultoras, asociaciones civiles, ONGs, fundaciones o las entidades técnicas que asesoran a las empresas, también tienen intereses concretos al proponer o acceder a ejecutar un proyecto: quieren contribuir con el desarrollo de aquellos que más lo necesitan, quieren ganar dinero, quieren promover una relación armónica entre la inversión y el bienestar social, quieren fungir de edecanes de entidades internacionales que vienen con sólidas agendas ideológicas bajo el brazo, quieren ser un enlace entre la Empresa y la Comunidad, quieren ayudar al Estado a cumplir su rol ahí donde por diversas razones no es capaz de hacerlo. Y a veces, también, todas las anteriores. Tal como ocurre con las comunidades, la enorme masa de consultoras que aparece en el mercado tiene diversos intereses, algunos buenos, otros no tanto.

Así, cuando un proyecto de inversión social arranca, todos juegan su partido, con sus buenas y no tan buenas intenciones, con sus expectativas, preocupaciones y necesidades. Los tres quieren ganar, los tres quieren cumplir sus objetivos a través de la oportunidad que significa un proyecto de desarrollo. La dinámica operativa que se genera es difícil. La vida del proyecto está llena de retos, dificultades, algunos malentendidos, vacíos de información, coyunturas sociales o políticas que lo afectan, etc. Y es que un proyecto no es esencialmente una “oportunidad”, sino una intervención pensada ante un problema real y concreto. Si se “inventan” problemas o necesidades por las razones “no tan buenas” de las que hablábamos, estamos distorsionando el contexto y podemos hacer un gran daño.

Mucho habría que hablar sobre este tema pero plantearía no olvidar algunas preguntas: ¿qué es un proyecto social? ¿desde cuando una intervención social, un proyecto, es un medio para que estas tres entidades ganen algo? ¿Se puede separar de manera purista las intenciones o expectativas de recibir algo, con aquellas que buscan dar algo? ¿Son conscientes las tres partes involucradas de cuáles son sus intenciones de fondo? ¿Las transparentan con los otros actores? ¿Son conscientes de que mientras más busquen ganar menos capaces se hacen de dar?

La relación entre estas tres partes se hace compleja, pero se enriquece en cada proyecto que se lleva a cabo en algún rincón del país. Lo peor que podría suceder es tener un Estado Omnipotente que quiere reemplazar esta interacción convirtiéndose en una especie de Leviatán totalitario, o una SUNAT de la vida social. Prefiero la complejidad y el reto que el controlismo estatal.

 

Tres son multitud: la dinámica implícita en un proyecto social

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