Uno podría dudar de la conexión que existe entre los resultados de las elecciones presidenciales en #Venezuela, la situación de tensión en la península coreana y la economía y política peruanas. La relación existe.

1. El día de ayer las elecciones presidenciales en Venezuela arrojaron resultados sumamente polémicos. Tocará a los venezolanos y a sus instituciones resolver la situación, socialmente sumamente complicada, y caminar hacia una recuperación económica y política urgente. Lo que se vio ayer: chavistas poco convencidos, caprilistas rebeldes y resignados, ¿militares entusiasmados?

Y es que los indicadores económicos de corto plazo en el país vecino son alarmantes: las exportaciones de alimentos caen en 94%, mientras su importación llega al 80% (fuentes oficiales aseguran que es del 50% pero el dato es cuestionable); una inflación de 30% y la devaluación de la moneda en 80% en 100 días con Maduro, no presagian nada bueno, más aún cuando el electo presidente ha prometido subir el “sueldo mínimo” de inmediato.

Sin embargo, en cuanto al mediano y largo plazo el tema parece mucho más grave. Al respecto les recomendamos leer un artículo breve del Instituto Peruano de Economía aquí. Lo que ocurra en los siguientes días marcará un hito histórico. Ya no será como antes. Presenciamos quizás el fin del patriarcado socialista venezolano en la región, o el inicio de una dictadura mucho más dura y rígida, en medio de la división y mares de petróleo.

Cuántas veces ciertos políticos y analistas quisieron hacernos dudar de la enfermedad de Venezuela cuando Chávez anunciaba crecimiento, recuperación y sostenibilidad en su economía, o cuando contemplábamos cómo ganaba las elecciones una y otra vez. El argumento era algo así como “bueno, quizás a ellos les funciona, por qué no”. Hoy no hay analista que piense que la economía venezolana puede salir adelante con el mismo enfoque.

Sin embargo, sabemos que Venezuela ocupa el primer lugar en reservas petrolíferas en el planeta y este dato distorsiona todo. Por otro lado, el aparato mediático y el manejo de información a gusto y disgusto no dejan ver la herida detrás de la benda. Las páginas oficiales arrojan cifras luminosas, espectaculares, al mismo estilo de la Unión Soviética de la Guerra Fría, que vendía al pueblo la idea de que todo iba bien, pero por dentro se carcomía. Con 4 o 5 países aplaudiendo, alabando y bajando la cabeza a cambio de una buena cantidad de barriles diarios, la neblina se hace mucho más espesa…

En conclusión, el Perú, con recursos naturales para nada tan abundantes y distintos, con experiencias muy negativas aplicando el cuestionado modelo en los setentas y ochentas, y con poca información y seguridad al respecto, no es el lugar en el que se pueda experimentar un modelo de corte estatista “caribeño”, y nuestros líderes ya deberían empezar a analizar de forma longitudinal el auge, apogeo y caída del modelo venezolano en todos sus niveles: social, económico, político… Debemos anticipar lo que pueda ocurrir en el 2016.

2. Con respecto a Corea del Norte, lo cierto es que a muchos empresarios del rubro extractivo les interesaría una guerra, al menos pequeña, en la península. Suena maquiavélico, pero las guerras mueven la economía y sobretodo afectan al alza los precios de los commodities, hierro, cobre, entre otros. Si bien es cierto no parece que fuera a darse una guerra ni nuclear ni convencional, cada provocación, cada gesto arrogante del joven líder norcoreano pone en guardia a la industria fabricante de armas, a las refinerías, a las comercializadoras de metales y a la mitad de la industria metal mecánica. Esperamos que no haya ninguna guerra, ni la más leve escaramuza.

China y Rusia ya no son tan amables con el régimen de Pyongyang, y más bien, lo previenen de seguir cometiendo errores. Saben bien que hoy, mucho más que antes, su imagen en el mundo pesa más que los lazos ideológicos e históricos que se pueda tener con países que se quedaron estancados en los cincuentas. Pekín ya no puede ser “mal vista” en el globo, ahora que invierte por todas partes; y Rusia está inteligentemente preocupada por consolidarse internamente (el oso está por despertar nuevamente), por lo que no perderá tiempo en apoyar a gobernantes algo perturbados.

El Perú debe estar atento a los movimientos geopolíticos que se dan en torno a estos acontecimientos y a los intereses de las potencias sobre nosotros los pequeños. No es casualidad que los primeros 4 países en felicitar a Nicolás Maduro hayan sido China, Rusia, Argentina y Ecuador. Los dos primeros, con claros intereses de penetrar en la región y aprovechar la ya sostenida pobre participación de Norteamérica en los asuntos sudamericanos. Argentina y Ecuador por su parte, vecinos cercanos, con intereses ideológicos el primero y económicos el segundo, siempre parte de este tinglado que se levanta cuando el petróleo suelta su olor en el ambiente.

¿Cuál será la posición peruana? ¿Qué debería decir Torre Tagle? ¿Habrá felicitación o espera? ¿Habrá sonrisas o rostros neutrales? ¿Le sonreiremos a los países asiáticos o reforzaremos nuestra relación con Norteamérica y Europa? ¿Volveremos a llorar en un funeral y alabar ya no a Chávez sino a Maduro? No lo sabemos aún, ni a corto ni a largo plazo, pero todo mensaje pesa y la empresa privada estará atenta a ver hacia dónde se dirige la barca de Ollanta Humala (y Nadine) en lo que le queda de gobierno. De más está decir que hay temas que esperan una aclaración y que afectarán la confiabilidad del país frente al inversionista nacional y extranjero.

Perú, Venezuela y Corea del Norte

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