Sí, aunque el título de este post sea algo discutible, vale la pena tomar en cuenta su afirmación para cambiar un poco nuestra perspectiva sobre los problemas, conflictos o incidentes que se dan entre las empresas privadas y las comunidades, especialmente en zonas rurales.

Hace unos días se destrabó una inversión de más de 2,600 millones de dólares en Apurímac. El proyecto estuvo detenido casi dos años debido a los “típicos” problemas entre empresa y comunidad. Finalmente la empresa Strike Resources y sus socios acordaron ceder parte del terreno de la concesión a la comunidad para que sus mineros artesanales puedan explotarlo.

El enfoque del presidente regional de Apurímac fue lo más interesante del caso: “Lo que hay son conflictos económicos que cuando se politizan se convierten en problemas sociales”, afirmó públicamente.

Su principio de interpretación es sumamente útil y de lo más agudo, sensato e interesante que hemos escuchado de un funcionario público en los últimos años. Ojalá tuviéramos insights de este tipo más seguido y de más servidores públicos vinculados a los ministerios o instituciones competentes.

Detrás de la afirmación se esconden, a nuestro parecer, 4 supuestos muy interesantes:

1. Las comunidades quieren desarrollo y entienden que el desarrollo se consigue con capitales, inversiones, dinero líquido y fresco “cerca” de su comunidad. Prefieren empresas con las cuales discutir y negociar que no tener empresas cerca. Así de sencillo.

2. Las comunidades quieren participar del negocio, quieren ser socios, quieren beneficiarse con esa liquidez, con ese dinero fresco que trae cualquier inversión, no solo siendo proveedores directos, indirectos, o mano de obra, sino siendo “co-explotadores”, co-inversionistas. Esto ya lo afirmaba Hernando de Soto para el tema de la selva y en otros países. Creemos que es algo que debe ser mucho más estudiado.

eliassaravia.apurimac3. El problema político o social surge después, surge cuando no se entienden los dos primeros supuestos. Muchos consultores, asesores o ideólogos nos quieren vender un supuesto “choque” de modelos de desarrollo que está en la base del problema. Nunca coincidimos con este punto de vista y el ejemplo de Apurímac nos demuestra lo correcto. Si politizamos el problema o lo volvemos antropológico o social desde el inicio, lo volvemos más complejo, más difícil de solucionar, más rentable para el consultor o la ONG, no para la empresa y la comunidad.

4. Las empresas que consiguen destrabar negociaciones son aquellas capaces de proyectar ganancias, hacer cálculos finos, manejar con total claridad las variables económicas del proyecto. Teniendo esto claro, pueden negociar en la mesa condiciones económicas favorables para la comunidad.

De más está decir que además de una buena negociación, y una buena ganancia para ambas partes, empresa y comunidad, una inversión exitosa es ganancia política para el estado. El estado es un facilitador que cobrará impuestos, recibirá canon y por ello, debe estar tan interesado en que el proyecto de inversión salga adelante como los primeros. Esto es lo que ha demostrado el presidente regional de Apurímac.

La extracción minera o la producción energética en zonas rurales puede ser responsable, socialmente, ambientalmente, y además ser rentable para todos los actores involucrados. Esperamos que los demás presidentes regionales sigan este sencillo pero contundente ejemplo. Ojalá muchos funcionarios, asesores, consultores y “especialistas” en el tema, cambien un poco su enfoque, bastante ideologizado y teórico por estrategias de negociación basadas en motivaciones económicas, mucho más útiles, prácticas y simples de resolver.

No existen los problemas sociales… Apurímac.

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