IMG_6727Si partes a Santa Cruz desde Chiclayo, son aproximadamente cuatro horas de camino. Pasando por Pomalca, Tumán y Patapo poco a poco saldrás de Lambayeque para entrar en la región Cajamarca, dejarás las tierras azucareras y arroceras para empezar a contemplar paisajes típicos de la Yunga, montes verdes, angostas parcelas donde se cultiva yuca, papa, cereales, y valles angostos con cerros pétreos, tan sólidos que parecen paredes naturales en la cima del mundo. Me dirijo, por trabajo pero providencialmente, al pueblo en el que nació mi abuelo, Roberto Bazán Vera.

A partir del puente Cumbil, el camino a Santa Cruz es más difícil; aunque de doble vía y asfaltado, es tan angosto que parece ir en una sola dirección. La construcción demoró años y hace solo cuatro es una vía asfaltada. El riesgo es constante no solo por la estrechez de la pista sino por lo sinuoso de la ruta. En época de lluvias, los buses resbalan, van lento, sectores se bloquean por semanas y el agua cae a cántaros sobre los autos como cascadas naturales que te empujan al vacío (Mientras escribo estas líneas un accidente sorprende a la comunidad: cinco heridos, uno de gravedad).

IMG_6728Decido viajar a Santa Cruz en Bus por ese mismo camino. La Empresa: Pasamayo. Las demás corren mucho o no respetan los horarios. La señora Dina se sienta a mi lado con su hijo Junior. Ambos no irán a Santa Cruz, se quedarán un poco antes, más cerca de Catache. Dina tiene algo más de 35 años y su esposo vive en Lima. Es una mujer de un espíritu notoriamente fuerte. “Este año empieza bien”, opina. Ha llovido lo suficiente, ni mucho ni poco. Cuando llueve mucho –nos cuenta– llegan los derrumbes, el transporte se dificulta, los precios suben y escasea lo básico. Pero estos años parecen mejores: la ganadería crece, la producción agrícola también y la minería da trabajo.

A nuestro lado se levantan estas paredes naturales inmensas, color verde y tierra, talladas de forma imponente, duras, eternas. Nos acompañan toda la ruta. Dina las mira y me cuenta que “pagaban muy bien” cuando se construían los canales subterráneos que alimentarían la Central de Carhuaquero, pero que murieron muchos trabajadores. “Estos cerros son malos, malos cerros…”, me dice. Se llevaron su parte, pienso.

Me dice Dina que las relaciones con las empresas energéticas o extractivas de la zona han mejorado. Las minas pueden trabajar más tranquilas. Antes los ronderos y los sindicatos no dejaban de bloquear vías, amenazar y pelear. Esto ha cambiado, aunque cuando los ánimos se caldean, siempre se recuerda a un rondero, mártir de esta “lucha”, un rondero que murió en algún enfrentamiento y del cual ni ella ni nadie recuerda el nombre. Pienso que cuando hay paz, es cuando más debe invertir la empresa privada en responsabilidad social, no cuando hay conflicto. Pero no siempre es así.

IMG_6682Llegando a Santa Cruz, mis oídos no escuchan ni música vernacular ni moderna, ni rock ni reggaetón, escuchan música india. Sí, música “hindú” como la llaman por aquí, esa que escuchas también en algunas radios francesas internacionales o en tus canales de radio por cable. Esto me ha ocurrido ya en otros lugares de la Sierra. La música india parece empezar a pegar con mucha fuerza, uno se siente extraño, el sonido de la música no coincide con el paisaje, la gente y la cultura (¿o sí?), y sin embargo clases de danza en los colegios, festivales, parlantes de mercadillos y fiestas la consumen. Para mí es increíble. Poderosa globalización. Al llegar a Santa Cruz me encuentro un clima templado y poca lluvia. Solo bajando del bus te das cuenta de que este clima es bueno para la salud y para el alma. Por algo nació aquí mi abuelo.

Crónicas de Santa Cruz de Cajamarca
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