Si Adam Smith, hace más de 200 años ya entendía a la riqueza no como una mera acumulación de bienes, sino como la “capacidad productiva” de una nación, y por lo tanto como un concepto más relacionado a algo intangible, como la productividad por ejemplo, ¿por qué con tanta tinta gastada, nos gusta creer que el concepto de riqueza es esencialmente material? Es decir, ¿por qué creemos que se refiere a la condición de “tener mucho”? ¿Cuáles son las consecuencias de creer que el concepto de riqueza se refiere a algo material? Veamos.

Si ser rico es tener mucho, entonces, la riqueza de una persona se mide por la cantidad de bienes que tiene. Si eres rico por poseer bienes, entonces, la forma en que los obtuviste resulta irrelevante. Puede ser dinero bien ganado o mal ganado, con medios lícitos o ilícitos, ayudando o haciendo daño, rompiendo la ley u obedeciéndola. No importa. Lo que importa es que tienes mucho y esa es tu condición actual.

En esta línea, si ser rico implica la posibilidad de acumular bienes bajo cualquier medio, ¿cómo no aceptar sistemas de pensamiento que afirman que la riqueza es “mala” y que los ricos, por ende, son “malos” también? Ideologías derivadas del comunismo serían totalmente legítimas y admirables. La posesión de mayor riqueza sería la expresión de una sospechosa vida usurera, dedicada a explotar a pobres proletarios dependientes que nunca tuvieron la oportunidad de salir adelante debido a una injusta lucha de clases en la que siempre otros ganaban. Rico es el que tiene mucho, pobre el que tiene poco. El rico es malo hasta que demuestre lo contrario, el pobre es bueno.

Finalmente, si ser rico es acumular bienes  y esto es un anhelo de todo ser humano, resulta que nuestra aproximación al ser humano también se vuelve reductiva en tanto que se le entiende como una especie de animal materialista, ambicioso, marginalista, enfocado en la ganancia y la utilidad, cueste lo que cueste. Y, bueno, con todo esto ¿quién quisiera ser rico? ¿quién se atrevería a decir en público que anhela serlo?

Alguien metió un virus en nuestra idea de riqueza, un virus que nos hace creer que ésta es mala o por lo menos sospechosa. Imagina una conversación en la que te preguntan “¿qué anhelas?”. Tú piensas, “ser rico”, pero no lo dices porque crees que sería muy poco profundo anhelar algo así. Entonces respondes algo como “ser feliz”… Y todos sonríen. Muy bien. Sin embargo, a fin de mes, la felicidad te importa un cuerno y te gustaría ganarte la Tinka. Así de fácil.

Cuando nos ponemos en esa situación imaginaria, tomamos conciencia de que el problema no está en querer o no querer ser rico, sino en nuestra concepción y percepción sobre la riqueza. Le hemos asignado un significado limitado y un lugar que no tiene. Quizás, si entendiéramos el concepto de riqueza en su real sentido y alcance… Quizás.

Sobre el concepto de riqueza, también revisado (primera parte)

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