No, no es posible. Ninguna acción del ser humano solo u organizado es inocua. No vivimos en un espacio creado al vacío. La inversión extractiva menos. Reflexionemos sobre el tema pero llegando, como debe ser, a puntos críticos de fondo y soluciones prácticas.

1. Toda acción humana afecta la realidad. Cuando arrastras las rueditas de tu silla en la oficina, gastas la alfombra, rayas invisiblemente el piso, hundes la madera, generas microscópicas corrientes de viento, y tu vecino te pide que no hagas ruido. Tu pequeño acto tiene impacto en el suelo del área en la que estás ubicado y en el oxígeno que consumes. Pasa lo mismo con acciones más grandes: la construcción de un edificio, una pista, una cancha de grass sintético, un colegio, un hospital. Todas nuestras acciones, grandes o pequeñas, afectan la realidad, los recursos, el territorio que las rodean, sea éste tu casa o una montaña.

¿Y las actividades extractivas? No son ni más ni menos que acciones humanas: la pesca, la minería, la explotación de hidrocarburos también afectan el medio ambiente, cambian el paisaje, reconfiguran las tierras, controlan el agua, la biodiversidad, el aire y sobretodo, transforman al ser humano y la comunidad en la que éste vive.

2. Un truco lingüístico que nos hicieron de pequeños. Lamentablemente el ecologismo de los sesentas (cada vez más fuerte) nos clavó, exitosa e inteligentemente, en el cerebro la siguiente “interferencia”: el ser humano es un animal más del ecosistema, ni más digno ni menos digno que los demás; cada vez que consume un recurso natural lo depreda, por eso el ser humano es un depredador negativo, es un asesino entre sus “pares” habitantes de la tierra, y no tiene derecho de consumir los recursos naturales de esa forma.

El razonamiento anterior fue un truco pero ha calado hondo y es común encontrar a quienes lo defienden fanáticamente o a quienes piensan que es verdadero pero al trabajar en una empresa minera se llenan de escrúpulos y se sienten culpables. Nada peor. Nada más absurdo. La idea equivocada del ser humano y la absolutización/polarización que fundamentan el argumento son puro truco y resultan en una falacia de tamaño descomunal que no debemos creer, en primer lugar por el bien de quienes trabajan en nuestra empresa ¿o quieres tener personas que conviven con la idea de que son parte de una actividad destructiva? ¿Eres tú una de ellas?

Lo que se tiene que hacer es diferenciar “afectación” de “daño” o “contaminación”. Afectar algo no es dañarlo. Afectar algo no es contaminarlo. Yo puedo afectar una realidad positivamente porque la modifico para bien de los demás. Todos afectamos la realidad con cada acto realizado.

15-09-11cartasCYMK.jpgEntonces, en sí mismo, no es malo que el ser humano cambie la realidad ni, expresado en “pasivo”, que la naturaleza padezca debido a su acción económica (padecer, del latín patere, es estar echado en el suelo soportando algo, tolerar, cargar). Pescamos y criamos animales para comer, cortamos madera para hacer papel o muebles, sembramos la tierra y domesticamos la flora, almacenamos y cambiamos el rumbo del agua, extraemos minerales, ¿para qué? para poder vivir, para poder crecer como especie y mejorar nuestra calidad de vida diaria.

Aquél argumento falaz que hemos llamado “interferencia” –porque realmente interfiere en nuestro razonamiento lógico, lo distorsiona y lo hace llevarnos por rutas y soluciones equivocadas– es lo que debemos combatir. Y para combatirlo, hay que aclarar conceptos y disociarlos.

Primera aclaración y disociación: afectar es modificar y eso no es malo en sí mismo. Afectar no significa dañar ni contaminar. Son cosas distintas.

3. ¿Qué le debo exigir a cualquier actividad humana? Bajo las premisas y aclaraciones anteriores, uno pensaría que seremos laxos con las actividades extractivas. No, no será así. Sin embargo, la consecuencia lógica de algo tan lógico como lo expuesto, no es novedad ni misterio.

El criterio que debe aplicar cualquier ser humano o empresa al actuar en cualquier actividad productiva o extractiva es harto conocido: mi acto debe ser tan bueno que yo permitiría que me lo hicieran a mí.

Ésta es la famosa Regla de Oro que nos enseñaron de pequeños: haz a los demás lo que quisieras que hagan contigo mismo, no hagas a los demás lo que no quisieras que te hagan. No hay mejor regla que ésta y de esta regla deberían surgir políticas públicas, estrategias privadas, procedimientos, normativas y reglas de conducta.

mineria-destruyeCada empresa del rubro extractivo debe –antes de lanzarse a invertir y afectar el medio ambiente– conocer el entorno en el que podría operar, estudiarlo, identificar los riesgos ambientales, sociales, económicos; preguntar, consultar, analizar y recién luego decidir invertir no solo porque el negocio es rentable, sino porque los riesgos de la operación no son muchos o porque la rentabilidad será tal que permitirá aplicar el mayor nivel y los mejores estándares de protección del medio ambiente frente a los mismos. La empresa deberá invertir mucho en operar ética y responsablemente, es decir, pensando en los demás, en el bien común y ese es (o debería ser) un elemento para decidir invertir o no.

En el Perú, acaba de aparecer un nuevo reglamento ambiental que se piensa exigir como norma a partir de enero del 2014. En Chile, por su parte, el miércoles pasado una pequeña comunidad indígena del norte logró afectar las inversiones de Barrick Gold, luego de que la justicia acogiera sus reclamos y ordenara la paralización de las obras del proyecto aurífero Pascua Lama, en la frontera con Argentina, proyecto que preveía una inversión de unos US$8.500 millones.

Ambos casos, políticas públicas irreales o demandas atendidas bajo premisas probablemente irreales, podrían ocurrir más seguido, y la minería peruana se podría ver muy afectada por ello.

La solución no está en barnizar las cosas, tapar huecos, apagar incendios o conversar superficialmente con los actores involucrados. Se debe ir a la interferencia de fondo y aclarar dos cosas básicas: 1) toda operación extractiva dañará en menor o mayor grado el medio ambiente (así como nuestras rueditas gastan la alfombra), 2) la empresa debe hacer todo lo posible por mitigar el impacto y llevarlo al mínimo.

Si por un lado las empresas no inician un diálogo de fondo con el gobierno de turno y, por otro, los funcionarios del Estado no entienden (con ayuda de quienes estamos vinculados al tema) que la “contaminación cero” es imposible, la batalla ideológica no será la única ganada por los anti-mineros, sino también la batalla legal y, señoras y señores, esta batalla es la más importante.

Reflexión: “Contaminación Cero” ¿Es posible?
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