En medio del ruido, el tráfico, las compras y los pensamientos y sentimientos encontrados en este tiempo de fiestas, cada cual puede hacer un análisis personal y a la vez uno del contexto que nos tocó vivir este año. Del personal nos encargamos el 24 por la noche, espero, y hoy a las doce.

Sin embargo, el análisis social se realiza con el aporte de todos. Cada cual debe tener seguramente una válida perspectiva de cuáles fueron los “acentos” más importantes de este año. Aquí nuestro aporte (algo crítico por cierto):

peru-bandera1. Una política nacional sin contenido ni rumbo claro. Aunque varias instituciones del estado, empresas públicas, organismos reguladores y gobiernos regionales, se van ordenando y tienen un desempeño cada vez más técnico, lo hacen más por impulsos individuales o de equipo que guiados por una política sólida, de reformas profundas y claras, desde el Ejecutivo. No tenemos un estado fuerte, que trascienda los gobiernos de turno. Tenemos muchas entidades públicas que se vienen reformando desde hace 20 años, y que se esfuerzan por mejorar “a pesar” del gobernante de turno, a pesar de los vaivenes políticos, la informalidad, el nepotismo, la ideología, y la burocracia. Felicitaciones a los que trabajan y lideran bien sus equipos, pero el esfuerzo debe venir desde arriba, integrado, con más reformas que caudillos.

2. Una economía débil que -esperamos- tocó fondo. Para nadie es un misterio que el crecimiento económico en Perú no fue el esperado y el 2014 no se presenta tan prometedor. Contexto internacional, falta de iniciativa pública, e inseguridad social y jurídica para la inversión, fueron, a nuestro parecer los causantes de esta desaceleración de la economía. El contexto fue difícil, los precios de los metales cayeron, hubo menos exportaciones, y las noticias económicas en Europa, USA y China no fueron muy gratas. Sin embargo, el mercado interno no supo ser impulsado por el estado, a quien le faltó agilizar proyectos de inversión, promover el consumo, y plantear medidas para acompañar a la clase media emprendedora. Más de 600 MYPES cayeron en el 2013. La inestabilidad social, los conflictos, la falta de incentivos para los pequeños emprendimientos, la poca misericordia fiscal con la clase media, la inseguridad ciudadana, la burocracia, la falta de capacidad de los gestores públicos, y la debilidad jurídica del país para generar y sostener contratos, siguen siendo lastres para nuestro desarrollo y para la productividad.

3. Nada por la educación. Los resultados de las evaluaciones PISA son solo la punta del iceberg. Patricia Salas no supo ejercer el cargo de ministra y no solo se perdió tiempo, sino que se retrocedió. El SUTEP volvió a ganar fuerza, las reformas magisteriales no fueron las mejores, la educación pública no mejora y el Perú, en este momento, es un país inviable. En 30 años no tendremos la mano de obra calificada, ética, con valores, profesional, con calidad humana, que necesitamos para que sepa afrontar los retos de la competencia global. Esto es un hecho. Nuestros niños no leen, no entienden lo que leen,  no tienen lógica, no razonan, no suman, no restan, solo ven TV y juegan con un celular. El panorama es ciertamente penoso. Alguien hace algo por esto. Nadie. ¿20 años no son suficientes para darnos cuenta de que caemos en picada? Lo peor del 2013.

4. Programas sociales sin monitoreo ni evaluación de impacto. Qali Warma es el programa más criticado, pero nadie se pregunta por los demás programas que este gobierno lanzó o renovó. Dónde están los estudios de impacto de los programas sociales que aún existen. Éste es el gobierno que más ha gastado en asistencialismo (perdón pero ésta es la palabra correcta), y nadie rinde cuentas de la rentabilidad social que cada intervención ha tenido. Es ciertamente penoso que ni los técnicos más críticos ni el sector de oposición sea capaz de desmenuzar uno a uno los programas y evaluarlos individualmente. Nos encontraríamos con muchas sorpresas. Cuando sea el momento, aparecerá algún estudio que muestre todo lo gastado y cuál fue el real efecto que tuvo el gasto en reducir la pobreza y dar más oportunidades de desarrollo a nuestra población en riesgo. Nada nuevo bajo el sol, verán.

5. La tradicional indiferencia frente al problema público. Para nadie es sorpresa tampoco que en Perú, y en Lima sobretodo, cada cual baila con su propio pañuelo. Llama mucho la atención que ante todo lo ocurrido este año, la ciudadanía no exija de manera contundente que el nivel de nuestra política mejore: los incontables escándalos de corrupción entre los congresistas, el nepotismo y la desidia en la Municipalidad de Lima, la impunidad frente a casos tan serios como ECOTEVA y López Meneses, los cuantiosos gastos para sostener las labores de la primera dama, la ineficacia de los ministros y autoridades para combatir la delincuencia y la inseguridad, las desatinadas y periódicas declaraciones de nuestro poco educado presidente ya sea para asustar al inversionista o para amenazar a la prensa, todo frente a nuestros ojos y pareciera que no nos duele. ¿Cuál es el panorama para el 2016? Buscar actores o figuras mediáticas para “candidatearlas”, les aseguro, no es la fórmula. Se requiere de un político, de un administrador público, pero de uno con valores, sin agendas ideológicas, que integre las reformas, recolecte lo bueno, se ponga a la espalda lo bueno que han hecho los demás presidentes, sin envidias ni “borrones y cuentas nuevas”, y siga quitando los lastres que no nos permiten crecer más y ser más productivos. ¿Existe este candidato?

Perú 2013
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