Las ONGs no existen. Existen las asociaciones civiles creadas para generar valor social en cualquiera de sus modalidades. Y si el término “ONG” es comúnmente usado, deberíamos empezar a postergarlo y llamar de otro modo a las organizaciones que se agrupan aún en torno a ese equívoco nombre. Paso a explicar el tema.

La denominación ONG (Organización No Gubernamental) es limitada, refiere y restringe la identidad de una organización a su relación con un gobierno o estado; es coyuntural, nació en los sesentas, en un contexto político determinado con una carga ideológica determinada, contexto y carga que no perduran en la actualidad, es limitante, le da un carácter político a una entidad que no necesariamente tiene que ver con asuntos políticos (un club de fútbol por ejemplo), es insuficiente, no tiene nada que ver con la esencia de lo que una organización civil sin ánimo de lucro quiere lograr en su actividad ordinaria.

rseEsta denominación intentó representar a aquellas asociaciones civiles que se dedicaban exclusivamente a ejecutar proyectos de desarrollo social o a defender derechos fundamentales de grupos o minorías afectadas por algún status quo. Bueno, ¿acaso una asociación de madres de un barrio no podría realizar un proyecto de desarrollo social? ¿Y un equipo de fútbol no podría ejecutar otro? ¿Y un colegio de ingenieros provincial no podría desarrollar una actividad de responsabilidad social para los hijos con discapacidad de sus asociados? ¿Y una cooperativa de agricultores? ¿Y una asociación de vendedores de emolientes? Sí, todas podrían y ya lo hacen. Todas realizan actividades sociales para colaborar con sus asociados o beneficiarios, necesitados o, y no necesitan llamarse ONG. Hasta sonaría muy raro llamar, por ejemplo, al Club Alianza Lima, “ONG Alianza Lima”. ¿No pega, no?

Y es que crea tanto valor social un club de fútbol, un club departamental, un club resort en Chosica, como Caritas, Save the Children o CENDEIT, en la medida en que todas estas instituciones fortalecen el tejido social ya sea al generar una vinculación positiva alrededor del deporte, la identidad regional o el entretenimiento, como al ejecutar programas de desarrollo para los más necesitados.

Todas estas asociaciones son necesarias y buenas para el ser humano. Generar valor social implica cualquier aporte a una convivencia pacífica y equitativa en la cual la persona y la familia son protegidas, fortalecidas y promovidas. ¿No es promovida la dignidad humana a través del deporte, los lazos de identidad y el sano entretenimiento? Por supuesto.

Por otro lado, sabemos que muchas de estas “ONG u ONGD” no son independientes de gobiernos, agencias internacionales o empresas, sino por el contrario, son fundadas por ellos para lograr sus fines políticos, ideológicos o económicos. Entonces ¿para qué llamarlas de esa forma? ¿para qué la hipocresía? ¿nacen en nombre de la sociedad civil, desde la sociedad civil y buscan permanecer autónomas, neutrales, ajenas a intereses económicos particulares o a intereses políticos determinados? No siempre. Y mientras la finalidad sea noble -generar valor social- y la gestión sea transparente y ética, -dinero bien ganado, dinero bien usado-, nadie tiene por qué escandalizarse.

Si damos un paso más, la connotación del término y su “imagen” no son para nada positivas. No es extraño pensar en una ONG como un pequeño grupo de vándalos que ayuda a las comunidades a realizar paros o manifestaciones violentas, combate la inversión privada, atenta contra el sistema democrático, mantiene funcionarios perezosos, pelea por agendas ideológicas extremistas, y recibe dinero gratis del extranjero por todo lo anterior. Peor aún, dichas así las cosas, ¿cuál es el valor del término “ONG”?

Hablemos de “organizaciones de la sociedad civil”, “asociaciones civiles sin ánimo de lucro”, “instituciones para el desarrollo social”, etc. Busquemos un nombre, pero no sigamos usando un término ya superado, limitado y limitante, con una connotación negativa que, finalmente, excluye de su entorno y margina a muchas asociaciones que también fortalecen lazos y tejidos sociales positivos para la persona y la familia sin necesidad de defender minorías o ejecutar intervenciones de responsabilidad social.

La ONG revisada: cambiemos de rumbo
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