Nos permitimos compartir y transcribir un artículo de opinión del Instituto Peruano de Economía. Este artículo aborda el popular y manido tema del Capital Humano. Para nosotros, en resumen, se trata de invertir en educación, capacitación, becas universitarias y programas de formación en desarrollo humano para jóvenes emprendedores. A continuación lo compartido por el IPE (el artículo original puede ser ubicado en este enlace)

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Capital (y mentiras) humano (as)

El Foro Económico Mundial (FEM) publicó el Índice de Capital Humano del 2013 en el que nuestro país está, digamos, jalado, tanto en el índice como en cada uno de sus cuatro categorías de componentes. En general estamos en el puesto 75 de 122 países. En las categorías de componentes de educación, salud y bienestar, fuerza laboral y empleo, y entorno conducente a mejorar el capital humano estamos en los puestos 84, 82, 50 y 81. No deja de ser paradójico que se estén discutiendo continuamente retrocesos en la única categoría en que estamos mejor que el promedio, lo que sucedería si se hiciera más rígida la legislación laboral en la quinta economía más informal del mundo.

La palabra “capital humano” se asocia inmediatamente al gran Gary Becker, Premio Nobel de Economía que consideraba indispensable contrastar sus teorías con la evidencia. (…)

Como recordamos, las desventajas competitivas de nuestro país son instituciones, educación, salud, infraestructura e innovación según el FEM. El nuevo índice pone énfasis en el capital humano, “la inversión en educación, capacitación, salud, cuidado médico y otros” según Becker. Será más difícil alcanzar mayores niveles de bienestar en tanto la calidad y cobertura de la educación, sean tan deficientes. El Estado debe intervenir en la economía para que el capital humano mejore sostenida y considerablemente. Hay tanto fallas de mercado como consideraciones de equidad que justifican plenamente su intervención.

Lamentablemente, el Estado también falla. La institucionalidad es precaria por lo que no se sostienen las políticas públicas en el tiempo, no se las evalúa con seriedad y no se retroalimenta su diseño en función de la evaluación. No se focaliza adecuadamente; se intenta calcar un falso Estado de bienestar en vez de, como es justo en realidad, negarle subsidios públicos a quienes pueden pagar.

Son simples y llanas fallas de Estado, principalmente, las que impiden que avancemos más. Ni el recurrente desastre macroeconómico ni Sendero Luminoso de antaño son ya restricciones relevantes. Los sociólogos no científicos y otros colegas, sin embargo, insisten en que el “neoliberalismo” es el problema. Eso es mentira. Nadie ha negado jamás que el Estado debe intervenir para mejorar el capital humano. El desmadre macroeconómico que nos llevó a la crisis no es una característica del liberalismo. Tampoco lo es lo que una gavilla de locos confundidos por lo que leyeron de o sobre Marx, Lenin, Stalin y Mao hicieran en el país. Tampoco es liberal el principal sindicato de la educación. La lista continúa. Es la ausencia de libertad que, por ejemplo, se expresa en que los directores de colegios no pueden dirigirlos sino seguir las directivas de la planificación central. Es la carencia de libertad de elección en el financiamiento a la educación escolar, por ejemplo.

Quienes no lo entienden y quienes prefieren no debatir, también han mentido sobre Becker. “Los críticos sostienen que el análisis de Becker reduce a los seres humanos a entidades económicas”. Nada puede ser más falso. Becker reconoce que la gente tiene el poder de razonar y buscar su destino, y tenemos que lograr que las condiciones en el Perú lo permitan.

Invertir en educación: Basado en artículo del IPE

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