Sigamos con nuestras reflexiones acerca de la seguridad ciudadana. En el post anterior levantamos algunas opiniones sobre el tema y describimos someramente la situación actual, al menos en el Perú.

Estamos frente a un problema social urgente, que el Estado no ha sabido resolver en la última década y que está costando no solo muchas vidas sino muchas oportunidades de desarrollo y crecimiento para el país. Ahora entremos un poco más al fondo del asunto. ¿Cuáles son los factores que incrementan la delincuencia, aumentan el riesgo o hacen que una comunidad sea más vulnerable?

violenciaSegún el PNUD, a quienes hay que recurrir en estos asuntos, estos factores son 1. la abundancia de hombres jóvenes marginalizados y la urbanización desordenada (factores demográficos), 2. las familias disfuncionales; 3. altos niveles de desempleo; 4. las nuevas oportunidades y tecnologías para el crimen, 5. la pobreza y la desigualdad (factores económicos); 6. la escasa legitimidad del Estado y los conflictos armados (factores políticos); 7. las consecuencias sociales que implican el consumo de drogas y alcohol, 8. la legislación o normativa para el porte de armas; 9. pautas culturales que toleran más o menos la violencia; y, 10. la ineficacia e ineficiencia de las instituciones encargadas de la seguridad y la justicia.

No podemos analizar cada uno, pero al leerlos con cuidado, todos tienen sentido. Cada uno de estos factores debería ser un posible punto de partida para políticas, estrategias o acciones para prevenir la violencia. Enfoquémonos en uno a nuestro parecer prioritario.

1. Las familias disfuncionales. Éste es un hecho grave que se convierte ya en tendencia y responde a un cambio de paradigma en la cultura actual. Para poder saber por qué es un factor que genera violencia, deberíamos respondernos primero ¿por qué cada vez hay más familias disfuncionales?

La familia natural y constituida, padre, madre e hijos, sufre hoy una devaluación y un debilitamiento nunca antes visto. El modelo de familia que hace cincuenta años parecía intocable es hoy quizás el más cuestionado y agredido desde los medios de comunicación. Creemos que las tendencias ideológicas hoy parecen apuntar a nuevos esquemas de convivencia donde la relación estable y permanente entre un hombre y una mujer y la procreación ya no serían esenciales.

ConsumismoY ¿por qué aparecen nuevos esquemas? El libre mercado tiene como unidad básica al individuo y su capacidad de consumo. Un individuo que desde el siglo XVIII no deja de generar progresos en tecnología, comunicación, transporte e industrialización. De alguna forma, las familias también consumen y “demandan” al mercado ciertos bienes, pero ciertamente son los “individuos” los potenciales consumidores de mayor capacidad. Este individuo creador, quiere gozar de sus creaciones individualmente.

Así, la segmentación de productos y bienes que se ofertan apuntan al individuo, a la mujer, al hombre, al niño, al joven, al adulto mayor, al empresario, al universitario, al intelectual, a la niña, a la adolescente, a la universitaria, a la mujer soltera, a la mujer casada, etc. El mercado prefiere dividirnos antes que unirnos, porque por simple evidencia básica, divididos consumimos más. La propaganda que nos bombardea en series, películas o en la publicidad de ciertos productos apunta a la división antes que a la unión. Se imaginan a un padre de familia con tres hijos sacrificando colegio, comida y o deudas por comprarse ropa, un auto, o viajar. Soltero no tendría este problema.

Esta realidad, incubada ya desde el siglo XVIII, (preponderancia de la tecnología, la razón, mejora de los estándares de calidad de vida y consumo de bienes cada vez menos básicos) acelera, profundiza e incrementa criterios individualistas que van desde la desconfianza hacia el matrimonio, que cada vez es menos deseado y más aplazado, hasta la búsqueda de independencia económica, familiar y afectiva para poder “hacer lo que se quiere” por medios propios. Con esto recién hemos respondido a la pregunta ¿por qué cada vez hay más familias disfuncionales?

familia_rotaPara nosotros el aumento de las familias disfuncionales hunde sus raíces en el individualismo creciente de nuestra época, época en la que hombres y mujeres prefieren hacer “lo que quieren” sin tener lazos sólidos y profundos con los demás y si tener que hacerse responsables de nuevas vidas, frágiles y pequeñas que les quitan “libertad” y “espacios de éxito”. Los que se podrían “casar” no se casan, y los que están casados optan por el divorcio y entonces surgen lo que hemos venido a llamar familias “disfuncionales”.

Y es que una sociedad individualista debilita la conciencia del ser humano con respecto al prójimo, lo vuelve menos sensible frente al mal o bien de los demás, lo incita a subordinar el bien común a su propio “bien”, lo lleva a perder atención a lo que ocurre a su alrededor en cuanto le convenga o no, lo empieza a controlar bajo la ley del gusto y del disgusto, si me gusta lo tomo, si no me gusta lo dejo.

Entendido esto, nos tocaría responder ¿por qué una familia disfuncional constituye un factor que aumenta los riesgos de violencia y crimen?

Yo recomiendo para esto leer a Pat Fagan, investigador norteamericano que ha trabajado mucho el tema en Estados Unidos, a través del Family Research Council. Sus estudios son sumamente sugerentes. Fagan afirma que las familias funcionales en los Estados Unidos (primer matrimonio) gozan de un ingreso anual medio superior al de familias en situaciones distintas. Como ejemplo, menciona que una familia funcional percibe un ingreso anual medio de $54,000 dólares, versus un ingreso anual de $20,000 dólares en familias separadas.

pat_fagan2_ROpina también que en los Estados Unidos el divorcio tiene un fuerte impacto económico negativo en los ingresos de familias, ya que su ingreso anual promedio disminuye un 42%, de $43,600 dólares anuales a $25,300 dólares anuales. Por último, Fagan ha demostrado que los niños que crecen en familias funcionales tienen promedios escolares superiores a aquellos que crecen en condiciones distintas. La calificación promedio de un niño que crece en una familia funcional en Estados Unidos es de 2.98 (de un máximo de 4.0) comparado con un niño que crece en una familia de padres divorciados (2.64).

Que esto no suene ni discriminatorio ni dogmático. Quien escribe este artículo formó parte de una familia disfuncional, y creo que para cualquiera que haya vivido algo similar, este hecho debe ser aceptado, reconciliado, asumido y entendido para que no ponga trabas posteriores en nuestro desarrollo integral. La pregunta es ¿cuántos de los niños y niñas que nacen y crecen en familias disfuncionales tienen la oportunidad de recibir ayuda o de reconciliar el tema? Muy pocos, definitivamente y menos gracias a políticas o programas del Estado.

El Estado hace muy poco por la familia integrada, unida. Hace quizás lo que puede por los niños, por las mujeres, por los ancianos, por los desempleados, pero otra vez, desde una lógica de división, viendo a los beneficiarios como individuos o como “grupos” de individuos. ¿Por qué no se diseñan y ejecutan programas en favor de la familia? ¿Por qué no se enfocan los proyectos para que fortalezcan las familias? ¿Por qué no existe, por ejemplo, un Ministerio de la Familia y sí un Ministerio de la Mujer?

El fortalecimiento de la familia, célula básica de la sociedad, a través de la creación de políticas públicas, leyes, programas, normas que promuevan la familia, la defiendan, la fortalezcan, en vez de dividirla y destruirla es un objetivo estratégico que debe estar presente en el más sencillo pero sensato Plan de Seguridad Ciudadana. No lo vemos en el que nos ha presentado el MININTER.

Inseguridad ciudadana (segunda parte)
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