luis-choy-asesinato-pnp-prensa“La declaratoria de estado de emergencia debe darse en una segunda etapa. Primero hay que sacar a la policía a las calles, a las zonas altamente impactadas, hay que comprarles el franco y evitar que los agentes estén cuidado pollerías de manera individual”, afirmó con respecto al tema José León, Presidente de la Comisión de Seguridad Ciudadana del Congreso de la República, hace un par de meses a un reconocido medio de prensa.

Hace algunas semanas también, Marisol Pérez Tello, Presidenta de la Comisión de Justicia del Congreso opinó que “No puede ser que cada uno dispare por su lado (…) Hay que planificar, todos los sectores (Ejecutivo, Legislativo, Poder Judicial, fiscalía y policía) y los partidos políticos tenemos que sentarnos y dejar de echarnos la culpa unos a otros, porque eso no soluciona el problema ni resarce a las víctimas de la inseguridad”.

Por su parte, el sacerdote padre José Ignacio Mantecón Sancho, con ocasión de las elecciones municipales del 2010 se quejaba de la situación sentenciando, “(Cómo es posible) que no se fijen en lo que ha dado resultado en todo el mundo que son las prácticas que tienen en cuenta las carencias y las necesidades en seguridad ciudadana. (Por ejemplo) la experiencia de Colombia debería ser acogida…”

Y Gino Costa, ex ministro del interior y reconocido especialista en el tema afirmaba también en el 2010 que “…De repente lo que ocurre es que los problemas macros terminan ocupando la agenda, la atención y la energía de las más altas autoridades (por eso no atienden estas necesidades)”.

Finalmente, Costa, coincidiendo con el Padre “Chiqui” a quien cita y cuyo caso describe en su libro “Quién la hace en seguridad ciudadana”, decía “Yo creo que difundir buenas prácticas es el punto de partida y segundo necesitamos sistematizarlas, analizarlas y aprender de ellas y eso es la tarea que le corresponde a la institución encargada de la política pública que es el Ministerio del Interior a través del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana”.

Cómo estamos hoy

seguridad-problemaNo es casual que hayamos elegido testimonios recientes de dos congresistas y testimonios de hace casi tres años de dos ciudadanos comprometidos con el tema. Porque la primera penosa evidencia es que el Estado, ministros, congresistas y gobiernos locales, responden a las necesidades de la ciudadanía con la velocidad de un tanque a pedales.

Tienen que ocurrir eventos como el asalto a la Notaría Paino, el asesinato del periodista Luis Choy, balaceras entre sicarios y bandas de narcotraficantes colombianos por ajustes de cuentas, secuestros y rescates millonarios, asesinatos descarados, para que algo que sufrimos todos los días se “convierta” recién en un “problema social”. Ciertamente, la teoría de los problemas sociales dice que éstos siempre están presentes y no todos se pueden resolver, sin embargo, este problema no es uno que pueda ser encarpetado hasta que los medios y la ciudadanía empiecen a gritar.

Las últimas estadísticas muestran que en la última década (2000 – 2011) los secuestros se incrementaron en 196%, los homicidios en 233% y los asaltos con arma de fuego en un 23% solo en el último semestre del 2012. La situación penitenciaria es harto conocida, cárceles sobrepobladas con una infraestructura que se cae a pedazos, copadas por delincuentes que desde la cárcel coordinan sus planes delictivos, resguardados por funcionarios que coluden en el crimen, reciben plata por celulares, abandonan a aquellos presos que sí merecen ser atendidos y, mal pagados, terminan formando parte de la organización corrupta y criminal que se ceba en los penales. Hace algunos días, una comisaría en Bagua se quedó sin luz y sin gasolina, por no tener dinero para pagar los servicios y mandar a sus patrulleros al grifo, y con este ejemplo, se grafican las penurias que la mayoría de comisarías del país padecen, sin que nadie haga nada al respecto.

Ante esto, el ministro del interior afirmó hace muy poco que no hay que “exagerar” el problema y que él por su parte cuenta con estadísticas que mostrarían que la delincuencia disminuye. El primer ministro describe el hecho como parte de las consecuencias del crecimiento económico, habría más delincuencia porque hay más dinero, dice, usando otras palabras. Y así, nosotros los ciudadanos, todos, pobres, no tan pobres o ricos, seguimos viviendo en una situación de miedo o de dolor, desconfianza e inseguridad, que limita gravemente nuestra capacidad productiva y la de nuestros hijos, nuestro derecho a una vida saludable, de libertad y desarrollo en paz.

Hace algunos días el Ministerio del Interior volvió a publicar la propuesta de Plan Nacional de Seguridad Ciudadana 2013 – 2018. Los invitamos a leer dicho Plan aquí. Léanlo, se lo dejamos de tarea y nos vemos en un siguiente post, en el que trataremos cuáles son los elementos críticos para la planificación y el diseño de estrategias que realmente reduzcan la delincuencia, el crimen organizado, no de manera coyuntural o parcial, sino de forma sostenible. También te invitamos a visitar la página del Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana y que nos digas qué opinas de la misma. Se ha hablado mucho del tema y nadie va a descubrir el agua tibia de la seguridad. Otros países ya recorrieron el mismo camino y tuvieron éxito. Se trata de orden, planificación y eficiencia, más que de soluciones misteriosas y sorpresivas.

Inseguridad ciudadana (primera parte)

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