Hace pocas semanas Llorente y Cuenca publicó en su web “Reputación y Liderazgo”, un compendio de los mejores escritos de la consultora acerca del tema, producidos en el 2012. En primer lugar, recomendamos descargar en el link anterior el citado libro completo y también descargar “Innovación y reputación”, otra publicación lanzada en enero de 2013 y que trata temas similares.

Leer dichas publicaciones, con cierto ojo crítico por supuesto, nos animó a proponer desde CENDEIT algunas reflexiones conceptuales sobre el tema. En otro post nos animaremos a sugerir algunas buenas prácticas para mejorar nuestra reputación aplicadas a la realidad peruana.

1. Reputación no es imagen. Es algo más profundo. José Antonio Zarzalejos, en “Reputación y Liderazgo”, dice “la reputación está hecha de dos materiales extremadamente volátiles: la coherencia -es decir, la correspondencia entre lo que se es y lo que parece ser- y el éxito -es decir, la culminación de los objetivos positivos que se persiguen-.

reputacion-1Vayamos un poco más allá. La palabra viene del latin “reputatio” del verbo “reputare” que significa calcular, ordenar, revisar prudentemente si algo está bien o no. En la antigua Roma tener una buena reputación influía en la “dignitas” de alguien, dignidad que no se refería a un status social,  político o jerárquico sino a la virtud de la persona que la portaba. Una persona digna era realmente lo que estaba llamada a ser según la virtud, e influía en los demás porque vivía virtuosa y coherentemente lo que a su vez proclamaba como sus principios. Por ello, una persona de reputación y dignidad solía liderar los destinos de un grupo, una comunidad, una ciudad. No era solo un tema de coherencia. La coherencia era una consecuencia de ser alguien que vivía según ciertos parámetros éticos.

La reputación y la dignidad, entonces, entendidas de forma profunda, están intrínsecamente vinculadas a la virtud, al bien, a los valores. Y, si ser digno es bueno, ser bueno nos trae una buena reputación, y tener una buena reputación nos ayuda a ser líderes, entonces el núcleo no está en buscar “reputación”, sino en buscar ser “virtuosos” en nuestro proceder. Lo demás vendrá por añadidura. Ser virtuosos será algo que vale la pena por nosotros mismos pero también por los ideales que perseguimos ya sea organizados como empresas o como asociaciones civiles sin fines de lucro.

Aunque suene moralista, es así, y lo sabemos. Este enfoque destruye cualquier intento de relacionar el concepto de reputación con buena imagen, fama, prestigio o incluso éxito. No son lo mismo, la buena imagen no necesariamente trae una buena reputación. Si bien es cierto el éxito (en cuanto logro de objetivos positivos, ojo) influye en la reputación, no es su esencia. La esencia de la reputación está en ser bueno en el sentido más integral que las palabras “ser” y “bien” nos ofrecen: ser buenos personalmente, familiarmente, profesionalmente, públicamente, técnicamente, etc. y serlo de verdad, no solo parecerlo.

No es extraño ver en nuestras organizaciones un esfuerzo inteligente y constante por mantener una buena imagen. Ciertamente esto es útil y mantenerla es posible pero si no somos realmente buenos (en la forma expresada en el párrafo anterior), tarde o temprano, por nuestros errores o caídas, nuestra reputación se verá herida y nuestra verdadera identidad revelada, no para bien por supuesto. No se trata de no caerse o no cometer errores. Se trata de no mentir, de no ser incoherente y de levantar la mirada hacia ideales más altruistas, sea que construya casas, extraiga oro, venda botellas, chocolates, o diseñe proyectos de RSE.

Quizás la alta demanda de productos de consumo y servicios de todo tipo en estos tiempos hace que nuestros clientes sean muchas veces laxos o poco agudos en su juicio sobre nuestra reputación. Hay tanto crecimiento económico -uno podría pensar- que igual me contratarán, ineficiente, desordenado o con defectos, igual me necesitan. Al fin y al cabo, somos males necesarios…

Pero eso no será así siempre. Los proyectos a largo plazo son aquellos basados en principios sólidos, en identidades fuertes, en verdades contundentes. Si no, miren a las grandes religiones e iglesias como sobreviven con el paso del tiempo. Por otro lado, en épocas de crisis o recesión, sobrevivirán aquellos productos, servicios o emprendimientos que construyeron su casa fundada sobre roca, no sobre arena. Y esa roca es la verdadera virtud, no una pura imagen publicitaria.

Analizando el concepto de “reputación”

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